El cine tiene dos puntos de vista o formas de verlo/apreciarlo. El cine como espectador y el cine como técnico. Es decir lo podemos ver basándonos en lo que hay delante de la pantalla o basándonos en lo que hay detrás de la misma.
Para los espectadores el cine es un entretenimiento, un lugar donde ver cómo las historias de fantasía, drama o comedia se vuelven reales. Los envuelven y forman parte de ellos, mientras que para los técnicos es un momento para fabricar sueños, para de alguna forma dar vida a esas imágenes que ronda en su imaginación y se esfuerzan en llevar a la gran pantalla.
El público de cine, jurado y verdugo.

Producciones bien vendidas.
Por otro lado, a pesar de que podamos tener un producto no demasiado bueno siempre se puede atraer al público con una buena campaña de marketing apropiada, e incluso manipular su punto de vista sobre la película. La idea de las grandes empresas de la industria es atraer al público para que puedan ver su película, aunque lamentablemente en muchas ocasiones el producto no es demasiado bueno, y lo que es aún peor ellos lo saben. Sin embargo lo que interesa es llevar al espectador a la sala de cine para que desembolse el dinero y a partir de ahí, aprovechando la subjetividad de cada una de las producciones de cine, hacer que el espectador juzge. Este punto no es necesariamente malo, ya que cada uno tenemos nuestros gustos y por supuesto elegimos la película que vemos, incluso discutimos sobre ella al salir del cine, llegando a conseguir el objetivo primario de un film, entretener. Pero aun así siguen existiendo casos extremos.